Como mucha gente sabe el fruto del pistacho nace del alfóncigo o pistachero (Pistacia vera), un pequeño árbol de la familia de las anacardiáceas, lo que lo emparenta, y esto quizá sea menos conocido, con otros cultivos de relevancia económica como el mango y el anacardo. Su origen se sitúa en el centro-oeste asiático, principalmente en Turquía, Siria, Irán, Irak, Turkmenistán o Afganistán, aunque resulta muy difícil precisarlo con exactitud ya que se trata de una planta cultivada desde muy antiguo, probablemente desde el Neolítico (entre el 6000 y el 4000 a.C.) que ya se menciona incluso en la Biblia.  
Curiosamente en España su cultivo había desaparecido por completo a pesar de que los musulmanes -y antes que ellos los romanos e incluso probablemente los fenicios- lo introdujeron ampliamente. En el Libro de agricultura andalusí (siglo XII) de Ibn al-ʿAwwām, más conocido por su nombre latinizado Abú Zacaría, hay un amplio capítulo dedicado a su cultivo. En él, por ejemplo, aludiendo a autores clásicos como Kastos o Solón, dice que es costumbre que el pistacho que se siembre sea “gordo”, vaya envuelto en lana cardada que lo preserve de los insectos y con la hendidura hacia arriba. También sabían de la necesidad de disponer de machos y hembras para su polinización y asegura que el método para conseguirlo es sembrar en cada hoyo cuatro granos de pistacho, dos con la punta hacia arriba y dos hacia abajo, naciendo de los primeros hembras y de los segundos machos. A lo que aclara que “si bien no falta quien diga ser macho el nacido del puesto con la punta hacia abajo”; en la agricultura siempre ha habido escépticos. 
EL CULTIVO DEL PISTACHO: ALGO DE HISTORIA

Centro de producción de planta de pistacho de Injertos Vegetales (Llerena)

También es curioso constatar que ya conocían ampliamente el proceso del injerto, pues Abú Zacaría habla asimismo en su libro de que se puede llevar a cabo con el macho sobre la hembra y recíprocamente, mencionando de paso que también se podía injertar en cornicabra (Pistacia terebuinthus) y en lentisco (Pistacia lentiscus), así como en almendro, lo que hoy nos parece menos creíble. En este sentido, en Obra de agricultura de Gabriel Alonso de Herrera, publicada por primera vez en 1513, se insiste en la reproducción del pistachero por injerto y que este se lleva a cabo por lo general sobre lentisco. También aclara que se puede conseguir por semilla y en menor medida por acodo, estaca o renuevos.
Sea como fuera su cultivo debió ir decayendo en los siguientes siglos; según puede leerse en el libro de la flora española Prodromus florae hispanicae de Willkomm y Lange, publicado en la segunda mitad del siglo XIX, el pistachero se veía aún por los huertos de las Baleares y de las provincias del sur y el centro peninsular, si bien ya lo mencionan de forma anecdótica. Sin embargo, esta dinámica cambió hace algunas décadas y hoy podemos decir que su cultivo en España supera las 50 000 hectáreas y sigue creciendo, lo que es una fantástica noticia para agricultores, viveristas, procesadores y, por supuesto, amantes del consumo de este magnífico fruto.
Fuente
López González, G. (2001). Los árboles y arbustos de la península ibérica y Baleares. Ediciones Mundi-Prensa.