En nuestra anterior entrada de blog hacíamos un breve repaso sobre la historia del cultivo del pistacho, especialmente centrada en España hasta su práctica desaparición hacia el siglo XIX y su reciente recuperación. Hoy, en efecto, los tiempos han cambiado, y gracias en gran medida a la labor de investigación llevada a cabo en el Centro de Investigación Agroambiental El Chaparrillo de Castilla-La Mancha desde la década de los ochenta, la “cultura” del cultivo del pistacho se ha expandido y tecnificado hasta puntos insospechados en nuestro país, llegando a superar las 50.000 hectáreas.
Ahora sabemos a ciencia cierta que nuestros agricultores deben sopesar con extremo cuidado una serie de parámetros que aseguren, en la medida de lo posible, el éxito final de su cosecha y sobre todo la calidad del pistacho que recolecte. A grandes rasgos -no pretendemos dar una información más detallada que la que ya tenemos disponible en la propia web de El Chaparrillo- el pistachero o alfóncigo cultivado consta de dos partes bien diferenciadas: el portainjertos o patrón, que es la parte anclada al suelo; e injertada en esta, la variedad productora de fruto. La elección de ambas es determinante a la hora de planificar su cultivo.
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Proceso de injerto en planta de pistacho

En el caso de los portainjertos disponibles comercialmente no existen variedades protegidas, lo que quiere decir que todas se pueden adquirir libremente; es el caso de UCB 1, cornicabra y Pistacia atlantica. Sin embargo, en cuanto a las variedades productoras de fruto hay dos posibilidades en el mercado: por un lado están las libres, o lo que es lo mismo, aquellas que se pueden comprar libremente porque son de dominio público al tratarse de variedades conocidas desde hace años, como son kerman, sirora o larnaka. Por otro estarían las variedades protegidas, que proceden de extensos programas de investigación (pueden durar hasta veinte años) y selección por cruce en campo; es el caso por ejemplo de golden hills y lost hills. Tenéis información más detallada sobre cada una ella en la sección variedades de nuestra web, pues producimos todas ellas.
En cuanto a estas últimas, hay que tener en cuenta que para declarar una variedad protegida es necesario que sea distinta, homogénea, estable y nueva con respecto a las ya existentes. Y el proceso para conseguirlo es lento, costoso y hasta cierto punto inseguro, por lo que la legislación permite proteger a las variedades surgidas con el propósito principal de poder recuperar la inversión y reinvertirla de nuevo en investigación, garantizando así que el sector progrese. Además, estas variedades aportan nuevos rangos en su ciclo de floración y maduración, producción, porcentaje de frutos abiertos, horas de frío necesarias y cosecha (antes o después que otras) mejorando así su cultivo y comercialización.
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Preparación de palé para su distribución

Una vez elegidas la variedad productora y el portainjerto, con el porcentaje y variedad adecuada de machos ya que se trata de una planta dioica, para contar con una explotación viable el productor necesita una cantidad suficiente de árboles, para lo que deberá contar con un vivero que produzca los patrones y los injerte con la variedad productora elegida; para eso estamos nosotros. Y no menos importante, que dichos árboles cuenten con categoría certificada, lo que garantiza su estado fitosanitario y la variedad elegida.